sábado, 18 de octubre de 2008

Fragments Cafe o el robo del agua

Tras conseguir conectar mi móvil con el portátil he podido descargar unas fotos. Una decide que su móvil de 5 años, cuya tapa de la batería ya se sale sola y cuya batería desconecta en el mejor momento, ya está obsoleto, que le ha sacado buen partido y que si se lo cambia no es una consumista loca. En la tienda pide el más sencillo, bueno, el segundo más sencillo, y claro, tiene cámara.

Y resulta que un sábado sales a pasear con toda la familia. Hace un día precioso, si le compro un potito al bebé en la farmacia que hay delante nuestro podemos ir a una terraza a tomar algo. Me hago con un potito. Vamos hacia la terraza que tenemos en mente, tiene un jardín y la niña podrá correr si se le antoja, pero está llena, y el otro bar que está cerca también tiene la terraza llena, pero tiene un patio, y en el patio puedes sentarte en las mesas que no están preparadas para la comida. Subes y bajas escalones con los carros, te aposentas en una mesa que no está preparada. Miras el reloj, la verdad es que podíamos comer todos. Nos desplazamos a una mesa preparada, aquella otra está más a la sombra. Finalmente estamos instalados. La niña, nuestra razón de comer y cenar en horarios europeos se ha dormido, el niño exige su comida. El camarero nos trae la carta, todo se lee delicioso, nos alegramos de comer en horario europeo. Llega otra familia que come en horario europeo, el pequeño tiene la edad de la niña.


Todo lo que comimos estaba delicioso. Pero como hace tantos días de todo esto no recuerdo los nombres correctos. De primero salami, prosciutto, alcachofas, setas, parmesano, cebollitas caramelizadas, tomates secos, resumiendo, una recopilación de aperitivos italianos. De segundo pasta. Cada uno elegimos una diferente, yo elegí la menos buena. Mi amadísimo marido eligió unos girasoles con no sé qué que eran impresionantes. El postre decidimos compartirlo porque a pesar de haber compartido el primero no teníamos espacio para un postre, y eso que somos de buen comer. De este me acuerdo porque le hice una foto, sopa de granny smith con helado de sirope de arce y virutas de chocolate. El chocolate resultó ser galletas Oreo machacadas, pero es lo de menos, la sopa y el helado eran espectaculares.


Resumiendo, exceptuando los tontos escalones que tuvimos que subir y bajar, dos para arriba, dos para abajo, comimos muy bien, el servicio muy agradable, amable pero no empalagoso, el lugar genial, comer a la sombra de un árbol en Barcelona no es muy usual, y encima sin oír ruido de coches. La niña podía correr sin molestar.

Pues al cabo de dos semanas, más o menos, me encontré una mañana pasando por delante del lugar de los hechos. Estaba necesitada de un café, así que decidí sentarme en la terraza de fuera, que estaba casi vacía. Pedí un café, un agua y un croissant. A mi en algún momento de la juventud se me grabó en la cabeza que si pides un café te has de tomar un agua, me encanta el café, pero necesito tomarme un vasito de agua después. Bueno, pues ese día la verdad es que me dolió mucho mi sana costumbre.


Que desayunar te cueste casi 5 euros está bien si te has tomado un bocata o estás en un sitio fino o de moda. Pero que me cueste casi 5 euros porque me cobran 2,06 euros por un agua de 50 cl, de una marca corriente, que aunque me la han traído en botella de cristal no la han abierto delante mio, ¡me parece un robo!

Normalmente hubiese pagado y me hubiese sentido una despilfarradora, y los remordimientos no me hubiesen permitido explicarlo. Pero la verdad es que 2,06 euros por un agua se me antojó tal ROBO que tras pagar le pedí la carta de precios a la camarera. Evidentemente primero le pregunté si no había un error y me dijo que no, que eso era lo que marcaba la máquina, que ellos no ponen el precio. Al cabo de unos minutos vuelve la camarera, que no tienen carta de precios de las bebidas, que sólo tienen de las comidas. Le digo que no puede ser que tienen la obligación de tener carta de precios. Dice que va a ver si la encargada le puede imprimir una. Viene la encargada, que no tienen carta de precios, que por esta vez me invitan. Le digo que no hace falta que me inviten, que me parece un robo que cobren un agua a tales precios.

No he conseguido la carta de precios, pero estoy contenta porque sin enfadarme he conseguido quejarme. Llamo a mi amadísimo marido mientras cruzo la plaza en dirección a mi destino, le explico lo que me ha pasado. Me dice que ponga una queja, que pida una hoja de reclamaciones, que tienen la obligación de tener carta de precios y que Consumo es estricto con eso. La verdad es que no lo hago, una vez lo intenté hacer por otra cosa y acabé desistiendo porque consideré que era más papel del necesario. Si en ese momento hubiese tenido un blog simplemente hubiese emitido mi queja por este medio.

No sé si es obligatorio tener carta de precios de las bebidas, supongo que sí, pero no me quiero quejar porque no tengan la carta de precios, a mi me parece abusivo que te cobren 2,06 euros por 50 cl de agua por mucha terraza que sea, que ni estamos en los barrios altos de la ciudad, ni el lugar es más que un lugar muy agradable. Evidentemente alguna vez me he tomado un agua incluso más cara, pero es de esas que están en una carta de aguas de esos restaurantes que no se conforman con tener una carta de vinos, ya que piensan que igual que hay amantes del vino hay amantes del agua, y que con una buena descripción pagas precios altos por nuestra querida H2O.
Recomiendo el sitio para ir a comer, pero si vais a desayunar llevaros el agua de casa.

viernes, 1 de agosto de 2008

Un éxito inesperado


El jueves 24 mi amadísimo marido cumplió años. Evidentemente los días previos no tuve tiempo para pensar bien y con calma qué le podía hacer para cenar. Agasajar, esa es la cuestión. Es verano, hace calor, no apetece comer la mayoría de los platos que nos gustan, y cocinar aún menos. Y por la noche aún menos.

Pensando en qué podía hacer me vino a la mente el saborcito salado de las rillettes y recordé que en el último mes, saltando de blog en blog, en algún lado leí Rillette de Salmón. A mí las Rillettes de Le Mans desde hace años que me tienen enganchada. Y el salmón me encanta, sobre todo ahumado. Me leí la receta, creo recordar que llevaba salmón normal y salmón ahumado, y seguramente me copié la receta en algún lado del ordenador, pero no me acuerdo. También me atacó el recuerdo un tiramisú que hace una amiga mía, que aunque haga para el doble de gente siempre se acaba. Hace unos años encontrar mascarpone por aquí no era como ahora, que todo tipo de comercios lo tienen, creo que esa dificultad ha hecho que el tiramisú esté archivado en "postres especiales" dentro de mi mente. Y de estas dos cosas mi mente saltó a un maravilloso pastel salado de panqueques que hace una "tía" argentina de mi amadísimo marido. Una auténtica maravilla para el paladar. Otro día intento liar a la cocinera experta para que me lo haga y os lo explico bien, porque es un plato genial para el verano.

Y con este melange de gustos y recuerdos me fui al supermercado, sin tener claro qué tenía que hacer para cenar. La compra fue divertida, 400 gramos de salmón ahumado, pan sin corteza, una tarrina de mascarpone, una bolsa de canónigos listos para consumir y jamón de pato. Ya en casa sin pensar mucho en lo que hacía herví tres huevos, la sangre rusa asocia salmón ahumado con huevos duros, por los blinis. (Ya que en la Wikipedia hay tan poca información sobre blinis prometo escribir un día sobre ellos y daros mi receta.)


Pastel de salmón ahumado


400 gr de salmón ahumado
9 rebanadas de pan sin corteza
1 tarrina mascarpone (250 gramos?)
3 huevos duros pelados y cortados en rodajas
50 gr queso tipo Philadelphia (que sea ácido)
6 rodajas de jamón de pato
alcaparras
mayonesa
nata
canónigos


Batir 200 gr de salmón ahumado, dos cucharaditas de alcaparras, el mascarpone, el queso tipo Philadelphia, la grasa de 4 lonchas de jamón de pato. Como esto me quedó excesivamente espeso lo diluí con un chorrito de nata, pero seguro que se podría usar algo más divertido, cebolla caramelizada con Jerez o con güisqui, por ejemplo.

Para asegurarme que el resultado fuese bonito, ya que esta vez sí era importante, forré un molde de cake con film transparente, y monté el pastel dentro. Primero el corazón con el jamón de pato, es fácil de hacer ya que la forma del jamón te hace el dibujo. Luego unté tres rebanadas de pan con mayonesa. Coloqué primero la rebanada central, con la mayonesa sobre el jamón. Capa de rillettes de salmón ahumado, capa de rodaja de huevos duros, alcaparras, lonchas de salmón ahumado, pan untado con queso tipo Philadelphia, rillettes de salmón ahumado, lonchas de salmón ahumado y capa final de pan untado con queso tipo Philadelphia. Tapar el molde con papel de aluminio o film transparente y meter en la nevera con algún peso encima.



Desmoldar y decorar con los canónigos.

Usar la grasa del jamón de pato fue entre un guiño a las rilletes y su grasa rebosante y un ataque de remordimientos. Se me antojó una pena tirar toda esa grasa, ya que cuando superas la tirria a meterte una loncha de grasa en la boca descubres que el sabor del pato es la grasa que tiene.

El "ojomeneado" gustó de mi invento, aunque lo consideró un "plato contundente". Pero el sábado al repartirnos los restos gustó más y, para su tristeza, cuando quiso repetir descubrió que ya se había acabado. La cantidad que hice da para unas 6-8 personas. No es un plato para servir como primero, es plato único con alguna ensalada de acompañamiento. Y está realmente rico.